Dual.

Otro fin de semana que no voy a la compra o lo que es lo mismo, otra semana sin nada en la despensa. Para ser sincero, queda atún, tomate frito, puré de patatas, polvorones y una caja con pastel de yogur de limón para hacer con la batidora. En la nevera hay queso fresco caducado y yogur líquido sin caducar.

A pesar de esto, entre las veces que como fuera y los tupers que me trae mi madre, he podido sobrevivir sin grandes sobresaltos. Sí, mi madre me sigue proporcionando comida. ¿Le pido que la traiga? No. ¿Me viene bien? Ya lo creo. Los dos grandes bandos que se suelen formar en este tema son el Qué envidia versus Tio, ¿no se te cae la cara de verguenza?
Yo no me posiciono, soy una persona con pocos conflictos morales.

En el raquítico post del otro día no conté nada sobre la estancia en BCN, pero es que tampoco hay mucho que decir. De lo que más me apetecería hablar es de las gigantescas diferencias que hay entre Madrid y BCN en todo lo referente a lo que podríamos llamar BUEN GUSTO. Estoy hablando de identidad corporativa, diseño, escaparates, etc. pero prefiero no tratar este tema porque empiezo y me dan ganas de recorrer la calle Alcalá con un lanzallamas.

Dejadme que os cuente una breve historia.
Había una vez un muchacho llamado Rafa Gil que decidió jubilar su leal monitor de tubo de 19″ por uno TFT de 17″ pulgadas. Rafa tenía la esperanza puesta en un futuro cercano en el que comprarse un segundo monitor y convertirse así en… en… bueno, en un tio con dos monitores.

Pasó el tiempo y finalmente se decidió. Llamó a la tienda y preguntó por el modelo de pantalla en cuestión. Llevaban semanas sin recibirlo, pero le dijeron que tenían otro modelo (el 1715 en lugar del 1717) que era igual a excepción del diseño y la altura. A pesar de estos miserables detalles, Rafa declinó la oferta. Buscó por internet y finalmente llegó al centro de la computación y la tecnología europea. Así es amigos, hablamos de Málaga. Allí, en las tiendas Overload, tenían ese monitor que un capricho del destino había convertido en pieza de coleccionista. 5 días después, el trofeo llegó a sus manos.

Ya lo creo, había merecido la pena.

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