Hubieron vacaciones

Viena es pequeño, limpio, monumental, silencioso y vivo, pero no todo es perfecto. En el McDonalds el ketchup te lo cobran a 20 céntimos.

“Pero bueno hombre, cuenta qué tal la vuelta!”

Sé que nadie me diría jamás algo así, pero como es mi blog me invento un figurante que me lo pregunta. Responderé con un breve pero ininteligible rodeo, para variar.

De pequeño, durante tres años, fui a clases de Judo. Era una puta mierda, porque te cambiaban de cinturón cada año así que mientras yo estaba en blanco-amarillo mis amigos que hacían Tae Kwon Do o Karate ya iban por amarillo-naranja. Como en mi colegio sólo había Judo o Gimnasia rítmica, mis posibilidades no iban mucho más allá.

A día de hoy, sin acordarme de hacer una sóla llave o inmovilización, una enseñanza permanece y me sigue sirviendo para entender ciertas cosas: la propia fuerza del contrario es la que nos ayuda a tirarle al suelo.

Durante mis cuatro días en Viena me he enfrentado a esto…



…pero la caída me esperaba después.

Que alguien me explique por qué podemos optar a nacionalizarnos de un país, pero en cambio no existe el derecho a desnacionalizarse.

Hoy creo que sólo me entiendo yo, pero me sobra.

Escuchando: First Light – Brian Eno – AMBIENT II – The Plateau Of Mirrors (7:08)]

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