Morning bell

Hoy mismo. Gran Vía. 9.50 am. 4 taxis con la luz verde han pasado por mi lado sin querer cogerme. El quinto para. Yo siempre me pongo los cascos en cualquier transporte público, pero con el cabreo que tenía me puse a hablar con él para que me explicara uno de esos secretos que no resuelve la Wikipedia.

El taxista, un tipo de unos 30-32 años,me dice que mucha gente prefiere pasar de largo hasta pillar a alguien que salga de un hotel. Pues vale.

A la altura de Montera pasamos junto a una guarda municipal pelirroja (teñida) con dos coletas.

A esa le daba yo caña…

Ehhh… sí sí, respondí.

A mi es que estas cosas me ponen muy mal. El otro día le dije a mi novia que se pusiera un vestido de colegiala así con corbata y eso y no veas lo cachondo que me puse. Y eso que era mi novia y me puse cachondo!!! Porque macho, siempre te ponen más las que no son tu novia.

Yo quería más, y por eso soltaba algún “jeje” ocasional mientras hacía esfuerzos para no olvidar ni una sola palabra de lo que decía.

Continuó:
Pues nada, le desabrocho la camisa y me pregunta la tia si se quita la falda. “Vamos, ni se te ocurra!” y hala, pimpán.
Ella me ha dicho que a ver si me visto yo algún día de algo o que me ponga un tanga, que también le pone, pero vamos… suputamadre voy a hacer yo el ridículo, paso.

Yo, que me encontraba completamente poseido por mi personaje de espectador entregado, le sugerí que se pusiera de bombero, que al ser un uniforme le resultaría menos…

Quita, quita, yo ya suficiente tengo con afeitarme los huevos [creedme, nunca bromearía con algo así] porque mira, eso a las tias les vuelve locas. No a mi novia, a todas. Tú te dejas la polla sin pelos y se piensan que eso es un karaoke.

Debido a las dimensiones que ofrece un taxi estándar, me fue imposible ponerme de pie y aplaudir.

Oye, pues yo te lo recomiendo, eh. Al principio pica un poco, los dos primeros días, pero merece la pena. Yo me echo crema Nivea y ayuda bastante. Mira! pero lo que no se te ocurra es ponerme calzoncillos apretaos que si no eso empieza a sudar y no hay quien lo aguante.

A esas alturas yo sentía como si estuvieran lloviendo billetes de 50 euros y no fuera capaz de guardarlos todos. Era mucha información y yo estaba acabado de levantar. A pesar de todo, recuerdo que me despidió en la Puerta de Alcalá con unas sabias palabras:

Yo es que en vez de la tableta de chocolate, tengo el bizcocho, pero es que las tias te perdonan la barriguita y cualquier cosa cuando ven una polla sin pelos. Son 4 euros con 10.

Por supuesto, le dí propina.
Me voy a Málaga, ahora vuelvo.

Escuchando: Physician Heal Thyself – Zao – The Fear Is What Keeps Us Here (3:56)]

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