Diferencias

Mi padre es el segundo de nueve hermanos. Gran familia, ya lo creo. Todos viven en Canarias menos Paco, el mayor, que se casó con una suiza y se fue a vivir a Zurich. No le conocí hasta que cumplí 11 años.

Hasta hace seis o siete años íbamos todas las Navidades a Las Palmas para ver a la familia y la verdad es que estaba bien, comíamos como dioses cada día en casa de un tío diferente, mi abuela nos hacía potaje de berros y además veíamos a la prima Pilar, un ser humano que hacía que el matrimonio entre familiares nos pareciese una opción de lo más saludable. Mis hermanos ampliarán este punto en los comentarios.

Entre tanta visita había una que siempre estaba bien: Mingo y Flori. Tenía algo que la hacía más divertida, ya sea porque con 7 años me morreé con su hija Gara (8 años) demostrando que tengo un problema con la endogamia, o porque con 15 ví en su casa El Silencio de los Corderos por primera vez. Más allá de las anécdotas, a mis padres siempre les ví más relajados cuando estaban ellos. No paraban de reir mientras hablaban de las cosas que hacían con 20 años menos y a mi me encantaba escucharlas, saber que  también podían ser imprudentes, irresponsables… jóvenes.

No recuerdo cuando fue, puede que yo tuviera 9 años (9 años!) cuando pregunté: “Oye papá, y de Mingo y Flori, cual es tu hermano?” Yo no hacía diferencias entre tío político y carnal, para mi el matrimonio era un pack con la etiqueta Tíos. Cuando dije esto mi padre se empezó a reir yo no entendía muy bien por qué. “Ninguno.” What? “Mingo y yo somos amigos desde que éramos pequeños”. El resultante fue una mezcla entre bochorno por haber preguntado una gilipollez e indignación por no haber sido informado jamás de este detalle. Mierda, si hacíamos 9 visitas y todas eran a familiares… ¿por qué resulta que una de ellas no iba a serlo? ¿Acaso tendría que ir preguntando uno por uno por si había algún otro troyano entre tanto pariente? A Mingo y a Flori siempre les sentí más cercanos que por ejemplo a mi tío Paco y  me dieron tanto cariño como el que podía recibir de cualquier otro familiar lo cual puedo decir que siempre ha sido en cantidades industriales.

Pero lo cierto es que daba igual. Claro! ¿Acaso había alguna diferencia? Puede que para mi abuela sí, pero desde luego para mi no, para mi seguían siendo mis tíos. Esto es justo lo que he tratado de quitarme de la cabeza cuando mi madre me ha llamado hace dos horas para decirme que Mingo había muerto. He intentado convencerme de que no tenía tanta importancia: Hey, menos mal que no es un familiar, sino sí que tendría que joder. No ha funcionado y no consigo quitarmelo de la cabeza.

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