The Cure. palacio de los deportes 6/3/08

Lo primero que hice el jueves pasado cuando llegué a casa fue autoenviarme un mail con apuntes de las primeras impresiones que me quedaron después del concierto de The Cure. Con el paso de los días y con todas las conversaciones que he tenido al respecto me he dado cuenta de que lo que escribí lo sigo manteniendo a día de hoy.

Antecedentes: La Riviera en marzo de 2000, FIB 2002, Dublín 2004 y Palacio de los Deportes 2008. Como es la cuarta vez que los veo, tengo donde comparar… y puede que ese haya sido el problema. Respecto a las tres ocasiones anteriores esta vez ha sido, de lejos, la peor. ¿Sería más correcto decir “la menos buena”? Hablando de conciertos en general desde luego, pero para mal o para bien The Cure viven en su propia liga.

LOS PROBLEMAS. BREVE ENUMERACIÓN.
1. Colega, dónde está mi teclista? Si bien no discuto que Robert Smith despida del grupo a todo el que se le ponga en los cojones, es de recibo esperar que al menos LO REPONGA. Con Roger O’Donell no ha sido así, lo cual para los nuevos temas podrá estar muy bien pero para los antiguos es UNA PUTADA. Más allá de que Lullaby, Lovesong o Disintegration sonaran a grupo de versiones, se trata del tono general del repertorio. Lo grande de los teclados de The Cure es que en muchas ocasiones pasan desapercibidos melódicamente ya que sólo crean una atmósfera. Ya sabes “sólo”. Este pequeño detalle fue lo que marcó la gran diferencia entre un buen concierto (lo que fue) y un concierto inolvidable (lo que debía haber sido). Luego hay algunas cosillas que podrían pasarse por alto, pero ya que estamos sigo con el punto 2.

2. Colega, dónde está la guitarra de Porl Thompson? Todos la vimos, blanca, grande y con dibujitos en negro. Una preciosidad. Quitando Plainsong, tema con el que abrieron, nadie más consiguió oirla exceptuando los perros de la Policía Nacional. En el solo de From the edge of a deep green sea yo lo sufrí especialmente. No es por hacer sangre, pero si tenemos en cuenta que esta guitarra era la encargada de reemplazar muchas partes de teclado…

3. Repertorio. Aquí ya entra el tema de los gustos, tan personal como este blog. The End of the World, Alt. End, Hot hot hot!!!, Primary… en cada uno de los discos que están esas canciones hay otra media docena de temas que merecerían ser tocados en directo. Y no hablo de singles.

4. Temas nuevos. Cuando escuché el adelanto del anterior disco de The Cure, pensé que era una canción bastante menor. Afortunadamente el disco al completo estaba lleno de grandes temas. Espero que esta vez pase lo mismo, porque las dos canciones nuevas que sonaron… regulín regulán.

5. Gente. Reconozco que mis hermanos y yo tuvimos mala suerte con esto, porque alrededor sólo nos tocó gente que bailaba con Prayers for rain como estuvieran tocando ABBA. No sé si fue cosa mia, pero tenía la sensación de que el Palacio de los Deportes estaba lleno de fans de Los Grandes Exitos de The Cure más que de la propia banda.

6. El batería de The Cure. Esto si que no es cosa mía, hasta Robert Smith ha saltado en foros defendiéndole. Este muchacho le pone menos ganas que los violinistas de Noche de Fiesta, pero es lo que hay y más vale que vayamos acostumbrándonos. Cuídate esa anemia, chaval.

Después de este repaso parecerá que estuve viendo a Siempre Así, pero no. Algunos temas fueron verdaderas joyas (To wish impossible things, Push) y el segundo bis, con siete canciones del Boys don’t cry fue un regalo. La voz de Robert sigue impecable y Gallup cada día tiene más carisma.Los teloneros, 65daysofstatic, muuuuuuuuy bien.

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