Don’t you…

Estoy en mi dormitorio, sentado junto a la ventana. Delante de mi unos tipos con uniforme están guardando en cajas absolutamente todo lo que tengo.

Con 14 años, en la Expo de Sevilla descubrí dos cosas: la adolescencia y que era un tío melancólico. Una tarde, mirando el lago, le dije a mi amigo Juanan que el año que siguiente nada de lo que teníamos delante seguiría ahí y que estaba convencido de que lo echaríamos de menos el resto de nuestra vida. Así fue. Lo que también descubrí años más tarde es que tan malo como perder los momentos es perder los lugares, ya que muchas veces son la única herramienta que nos queda para invocar lo no queremos olvidar.

Si lo pienso es ridículo, tan sólo han sido nueve meses los que he pasado en este piso. ¿Tiene sentido estar triste por abandonar algo así? Esto es como lo que decía Muerte, el personaje de Neil Gaiman. Si no recuerdo mal un hombre que está con ella ve cómo un coche atropella a un niño y éste muere. El hombrel le increpa diciendo que no es justo, que su vida ha sido demasiado corta. Ella respondía algo como “Él ha tenido lo mismo que los demás: toda una vida”. Creo que esto se adapta perfectamente a mis nueve meses. Ha sido un período corto, pero sin duda ha sido una etapa en mi vida. Dura, bonita e importante.

A dónde me voy, cómo y por qué… en otro post. Mientras tanto, un bonito videoclip  ochentero sobre el recuerdo, el paso del tiempo, etc. etc.

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