1916

Al final la boda de hace una semana salió bien ya que no me encontré tan rotundamente solo como podía parecer en un principio. Hace unos años Virginia (sí, mi amiga la que se casaba) me presentó gente que se acordaba del tío ese de Madrid. Todo bien, aunque se me olvidó el clásico sobre con la pasta y tuve que fabricar uno con el menú del convite. Sí, entrañable y cutre, como yo.
De vuelta a Madrid me enfrento al clásico de las últimas semanas: trabajo y agobio a tope. Una de las cosas que hago a veces para relajarme en mitad de la jornada laboral es ir al supermercado del cortinglés de Arapiles y comprar cualquier cosa. El jueves, mientras elegía si comprar las Lays receta campesina o Doritos una señora me aborda.
Esto es aceite???” En su mano una botella de Carbonell.
Era mayor (muchísimo) pero tenía buen aspecto y parecía alegre. “Yo compro este de toda la vida pero es que se me han olvidado las gafas… Es que tengo 94 años y mira, aquí estoy haciendo la compra…” Y siguió hablando.
Al contrario de lo que pueda parecer la charla de la señora me estaba pareciendo estupendamente, la manera en la que repetía su edad su edad daba a entender que no lo sentía como una carga sino más bien un orgullo.
…porque tengo 94 años y me casé a los 26. Me quedé viuda tres años después. PAUSA. Y no he podido volver a casarme. Nunca encontré a nadie como él, lo llevo aquí.” Esto lo dijo mientras se golpeaba en el pecho y contenía las lágrimas. Luego siguió contándome que era de Burgos y que de joven le encantaba esquiar. Lo hacía tan bien y saltaba tan alto que a veces de lejos la gente pensaba que era un chico el que lo hacía. Un día poco antes de empezar la guerra un militar le pidió los skies diciendo que los necesitaban, que ya se los devolvería. Evidentemente eso no ocurrió nunca.

Quizás sea mi empeño en sobreanalizar las cosas pero sentí que aquella señora, sin hijos, necesitaba inmortalizar aquellas páginas de su vida para que no se perdieran. Como si cuanta más gente conociera su historia, con más fuerza fuera a perdurar. Supongo que eso es lo que ha hecho que me haya dado por ponerme a escribir hoy.

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