Un año más

Nochevieja en familia. Langostinos, canapés y diez personas a la mesa incluyendo a Gustavo de special guest. Petardos en la calle, gritos de la muchedumbre, Anne Igartiburu y José Mota explicando excitados el mecanismo del reloj de la Puerta del Sol y mi madre preguntando nerviosa si todos hemos contado las uvas. Clásicos Disney.
Tres minutos. Rey, el labrador blanco de mis padres ladra como cada vez que siente que todo el mundo se alborota y habla a voces. Mi hermana Miriam pregunta cuánto falta.
Dos minutos. El primer plano de la esfera nos muestra dos agujas prácticamente superpuestas y tres punteros láser de colores nos recuerdan que a lo de la pena de muerte hay que darle una vuelta. Más petardos, más gritos. En mitad de este clímax se me cruza una imagen por la cabeza, una gilipollez sin gracia, sin oficio y por supuesto sin ningún tipo de  beneficio. Vamos allá. “Mamá, no crees que este año deberíamos hacer algo diferente?” Me mira, sonrío, cojo el mando de la tele y pulso el botón verde de goma.
Silencio.
“Por qué nunca escuchamos las campanadas por la radio? O no las oímos, que tampoco nos vamos a morir por no oír las campanadas, a que no? Dime tú que pasaría si nos comiéramos las uvas así, en silencio. No lo olvidaríamos jamás. Cierto es que…”
“Rafael, enciende la tele.”
“Decía que es cierto que de primeras sería un bajón importante pero te garantizo que cada vez que lo contáramos seríamos el alma de la fiesta, llevaríamos la alegría a cada reunión, a cada encuentro social, incluso…”
“Oye… cuidado con la gracia que van a ser YA!” advierte mi hermana de un modo que me recuerda a Samuel L. Jackson en El Negociador.
“…tendríamos algo decir cuando nos encontráramos con alguien que nos dijera “Qué tal todo?” No venga, de verdad quieres que encienda?”

“Déjate ya de tonterías y enciende la tele DE UNA.PUTA.VEZ.” Dios, qué mala ostia puede llegar a tener mi santa madre. Es hora de que la guasa llegue a su fin.
“Mamá, no puedo. Yo no tengo el mando”. Levanto las manos vacías, segundos antes la operación Pasarle el mando a mi hermano Alex por debajo de la mesa fue completada con éxito. A mi familia le rechinan los dientes. Finalmente Alex pulsa el 1 y vuelve el reloj de la Puerta del Sol, como el año que fue, otra vez el champán y las uvas y el al-quitrán, de alfom-bra están. Ocho segundos después sonaron las primeras campanas del carillón.

Escuchando: [RJD2 – Liquid Luck]

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3 pensamientos en “Un año más

  1. Yo llevo ya un par de años sin tomarme las uvas,ganándome así el odio de gran parte de mi familia. Me dedico a hablar mientras comen las uvas para que tenga más emoción. De hecho,mi última frase del año fue: Uvas de bote,chocho morenote, y se produjo alrededor de la cuarta campanada.Mala suerte para toda la familia.

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