Holocausto España

Es tarde, demasiado para escribir… creo que dejaré esto en borrador y lo publicaré mañana. He llegado a casa esta noche tarde (tocaba Antikaraoke) y me he encontrado con que en Twitter empieza a haber un cierto revuelo y dos palabras: blog y Nacho. Vale, viendo cómo ha estado la cosa en los últimos dos días, me lo veo venir. Entro en la página en cuestión y encuentro esto:

Previously on Vigalondo: un chiste en un tweet negando el Holocausto genera una bola de nieve mediática que le lleva a tener que cerrar el blog, aún no sé si de manera voluntaria, obligada o sugerida.

Después del absurdo huracán mediático llega la contextualización de los hechos donde se explica con todo lujo de detalles por qué la cosa no tenía que sacarse de quicio. Sin éxito. Dos días después tiene que despedirse con un texto en el que no se permite un ápice de ironía o mordacidad, lo que lees es lo que hay.

——

Ahora es sábado y, más allá del cabreo general, poco ha cambiado. Sigo.
Mi indignación con este asunto va mucho más allá de conocer a Nacho, esto va de fantasmas personales, de asuntos de mi propia persona que no me gusta tocar.

1. Una de las primeras cosas que oyes cuando estás en publicidad es “Esa idea es cojonuda pero tú de verdad crees que eso lo va a entender la gente? Que sí, que tú ves pelis en V.O. y todas esas cosas pero una señora de Soria ve esto y se vuelve loca”. Esto primero se lo oyes al cliente, luego al director general y más tarde al director creativo pero te da igual, la inteligencia y el sentido del humor están por encima de todo y que… Espera.

Ah era eso, la muestra de inteligencia es un alarde, una vanidad que ha de ser contenida, escondida y disimulada. No es que no se entienda, es que está mal vista.

2. Otro miedo que me resulta recurrente: la pérdida absoluta del sentido de mis palabras. Que la gente que me lea no sea capaz de ver el alma que hay detrás de una frase. Me siento condenado a la eterna malinterpretación. Yo esa guerra ya la he perdido y soy consciente cada vez que pongo un smiley de más, un signo de admiración extra o cualquier elemento que ayude a la comprensión del contexto no verbal de mis frases. Lo sé y me siento idiota pero soy consciente de que me compensa esa estupidez frente a la tranquilidad de tener un mayor control sobre la interpretación del mensaje.
Fin de la sesión pública de psicoanálisis.

Para cabreados iracundos, Manifiesto por Vigalondo.
Para listillos impenitentes, un link.
Para periódicos estrechos, un ejemplo a seguir.

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Un pensamiento en “Holocausto España

  1. Pingback: La vida oculta de las palabras | nopodemosmas.net

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