Instagram, vinilos y psicoanálisis

Hace unos días Jesús Encinar publicaba un post en el que hablaba sobre los cinco años que lleva posteando y de paso daba algunos truquillos para blogueros. El que más se me quedó fue el primero, uno que me paso por el forro recurrentemente:
No hablar del blog. Este post es el primero que hago sobre el propio blog, como excepción. Me extrañan los medios que hablan de su propia difusión y leer un blog que habla de sí mismo siempre me parece algo raro, como de día de la marmota.
Si lo llego a saber llamo al blog Punxsutawney porque a mi es un tema que me encanta, el metablogging. Esto está presente no sólo por un tema de autopsicoanálisis, también lo provoca el hecho de que con los años he perdido interés en contar las cosas que me pasan y esto termina derivando en que a veces escribo de un lánguido que da asco. Tanto que algunas amistades me preguntan después de leerme si estoy bien. Y lo estoy, aunque probablemente mi yo más simpático y chispeante se lo llevan Facebook y Twitter.
Pero este sitio es mío y Facebook es El Corte Inglés así que DEBO hacer algo. Este puente llegué a la siguiente reflexión: “No cuento lo que me pasa en el blog pero en cambio estoy a tope en Instagram, prácticamente voy contando mi día a día en fotos… un momento!”


Y a partir de un pensamiento random intentaré hacer una costumbre que arranca hoy.
Por fin lo hice, años después de que mis padres me regalaran ese viejo equipo de música que se compraron de jóvenes por un pastón incoherente, he arrancado el tocadiscos. Lo primero ha sido recuperar el material acumulado en la adolescencia, algunos discos de Public Enemy, Ice T o The Cure. Después me he puesto los que he ido comprando por capricho confiando en que algún día me pondría manos a la obra y conseguiría hacer que el aparato funcionara. Aquí han entrado los Bad Brains en directo, el Love Over Gold de Dire Straits y un recopilatorio de Ella Fitzgerald que me compré en un mercadillo de Viena por dos duros.
Siguiente paso, discos rebajados en FNAC. Nirvana, U2, Dire Straits y The Cure. Sé que es una selección un poco Kiss FM pero no por ello menos imprescindible.
¿Y por qué me ha dado ahora por aquí? Lo primero es inevitable, el sonido. Os tengo que decir que, como amante de la música, la calidad que puede ofrecer este formato

ME LA SUDA A NIVELES CÓSMICOS.
Quitando el In Utero que está grabado por Albini, en el resto de lo que tengo no noto diferencia alguna. Y si la hay me da igual, lo que me interesa de verdad del vinilo es el proceso. Veréis, me hace la vida un poco más difícil.
No tengo ni treinta discos entre los que elegir.
Suenan cuatro canciones y tengo que cambiar de cara.
Y recoger después de escuchar.
Esto es el anti-spotify: caro y coñazo. A cambio el nivel de atención que se lleva cada disco y su número de escuchas hacen que la experiencia sea parecida a la que se puede tener al hacerlo con 16 años y, la verdad, a estas alturas no esperaba volver a sentir algo así. Merece la pena.
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2 pensamientos en “Instagram, vinilos y psicoanálisis

  1. Me has jodido Rafa. Iba a escribir casi lo mismo en el siguiente post de mi blog (yo he venido aquí a hablar de mi blog coño).

    Hace unas semanas le pille un tocadiscos a mi novia, y bueno, sí, era una escusa para poder escuchar míos (que tengo cuatro y no dire de quién son). Pero el puto ritual de escucharlos y de pararte a oír música es lo que más me pone joder…

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