La bajona no perdona

El jueves acompañé a Paula al Cash Converters, un sitio que detesto porque realmente debería encantarme. Claro, una tienda llena de CHOLLOS no puede ser mal lugar a no ser que cualquier cosa te lleve a la cabeza el pensamiento de “Pues por un poco más me lo compro de primera mano”. Lo único que vi de cierto interés fue la sección vinilos, cada uno de ellos al razonable precio de 95 céntimos.  Encontré una valoradísima copia del Bolero Mix 6 que no compré porque me sentía culpable por llevármelo a ese precio como le pasa a Rob Gordon en Alta Fidelidad, y también vi un grandes éxitos de Charles Aznavour con el que sí me hice.

Hoy, buceando en la resaca dominical, me lo he puesto como banda sonora al café de la mañana y ha funcionado a la perfección. Esa sensación de estar poniendo un disco justo en el momento que se merece es incomparable. Al dar la vuelta a la cara B el primer tema que ha sonado ha sido La Boheme y ha sido sonar las primeras notas de los violines y el bajonazo ha llegado sin avisar. Más que eso diría melancolía, nostalgia o como quieras llamar a esa sensación de recuerdo del pasado y consciencia de que nunca podrás recuperarlo.

(Ahora mismo Antonio Gala está retorciéndose en su tumba. No es que se haya muerto, es que me lo imagino durmiendo ahí, excéntrico y alocado.)

Yo a la música le pido sensaciones extremas y la tristeza es una de ellas. Si una canción me hunde es buena mierda, garantizado. No hay muchos discos que despierten mi vena EMO de esta forma, pero sí algunos que se me vienen ahora a la cabeza.

Leila – Like Weather
Cuando oigo cualquier canción de este disco recuerdo cuando la escuchaba en mis interminables viajes diarios Madrid-Segovia camino a la Universidad. Mi vida era una parodia y soñaba con una realidad paralela un poco más digna.



Slint – Spiderland
No me trae ningún recuerdo pero me provoca una reacción extraña, lo que yo llamo melancolía preventiva o echar de menos cosas que aún no se han dejado atrás.

Lo que se ve de imagen de fondo en el vídeo es la portada del disco. Creo que no podría haber una más apropiada.

The Cure – Wish
Confesiones: la primera vez que escuché este disco fue la nochevieja de 1992, después de las uvas. Tenía 14 años. Mis primos no me llevaron a la fiesta que ellos iban y dos semanas atrás me había dejado mi primera novia. No se me ocurre una forma mejor de empezar a escuchar The Cure.

Glassjaw – Everything you ever wanted to know about silence.
Diciembre de 2000. Paso dos semanas encerrado en un hospital esperando una prueba que nunca llega. Estoy perfectamente sano y aún así no puedo salir de ahí. Daryl Palumbo canta y grita sobre soledad y desesperación y, por lo que sabía a través de entrevistas, una enfermedad crónica le obligaba a ser ingresado cada poco tiempo. La verdad es que ahí me lo pusieron fácil. Cuando escucho ese disco sí vuelvo a sentir que estoy dentro del Ramón y Cajal.

Al final no sé si he escrito esto por Aznavour o por haberme perdido otra vez a Portishead en concierto… que se merecen un huequecillo en la lista y si no los pongo es porque me parecen muy evidentes y soy un puto snob.

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Un pensamiento en “La bajona no perdona

  1. ¿Charles Aznavour en vinilo? De eso a Carlos Cano o Serrat mientras comes puré de lentejas con tus hermanos pequeños en la cocina, hay un paso.

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