Esas cosas de las que nunca acabo de escribir

De un tiempo a esta parte sólo oigo la misma frase con diferentes enunciados: “Nada es realmente importante cuando eres consciente de que algún día morirás.” “No malgastes tu vida, el tiempo que tienes es limitado.” “Vive la vida al máximo”. ¿Al máximo de qué?

Tengo 34 años y no dejo de pensar en la muerte.

No sé si me queda mucho o poco, realmente esto no me preocupa. Ni siquiera lo de “qué hay después de la vida”… no, eso está ya superado, simplemente funde a negro y ya está. No pasa nada y esa nada ni siquiera es mala, simplemente vuelves a donde viniste. ¿Recuerdas el sitio en el que estabas antes de llegar al útero de tu madre? Pues ahí mismo. Si lo piensas no es tan complicado: ahí todo se acaba pero tú ni siquiera eres consciente de que ha ocurrido.

Cuando estamos vivos es exactamente al revés. Todas esas personas que te cruzas por la calle… míralas bien, trata de recordarlas, va a ser lo último que te lleves de ellas. Las acabas de ver y ya han muerto. Todos esos libros… esos que  ni siquiera leerías jamás aunque pudieras, esos también han muerto. Lo que ves se acaba y si eres consciente de que eso es así, entonces es cuando (cha chán!) vives al máximo.

Vivir al máximo, de verdad, es hacer de tu vida una despedida constante, no dejar ese momento de “consciencia del fin” que es el adiós para el último momento. Vivir de espaldas a la muerte es una inconsciencia que nos ayuda a ser más felices; a no pensar en que no vivimos, sino en que realmente estamos muriendo. ¿Otra opción? Andar tranquilos, ligeros. Hagamos que el domingo sea el día que va después del sábado y no antes del lunes.

O bien, vive todos los días como si fueran el último, pierde una y otra vez todas las cosas que amas y las que no conocerás jamás. Hazlo, y será la pena de no dejar de despedirte lo que te mate cada noche.

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5 pensamientos en “Esas cosas de las que nunca acabo de escribir

  1. Iba a escribir yo, pero mejor que lo haga Franco Battiato:

    Los hay que se envejecen,
    afloran tantos recuerdos muy lejanos
    como si fuera ayer,
    me veo como en brazos de mi madre
    y siento aún los tiermos comentarios de mi padre
    Comidas de domingos en familia
    las ganas de un deseo irracional
    primeros pasos, risas y dolores
    La primera gota blanca, que impresión
    y que placer extraño
    y un enamoramiento sin sentido,
    por ley natural a aquella edad,
    primer acorde en un órgano de iglesia
    en la sacristìa
    y un dogmático respeto hacia las instituciones
    Qué cosa quedará de mí, del tránsito terrenal,
    de todas las impresiones que tengo en esta vida
    Me gusta el pensamiento radical,
    la muerte muy consciente
    que se autoimpuso Sócrates,
    y la desaparición misteriosa y única de Majorana
    La vida cinica e interesante de Landolfi,
    opuesto pero cerca de un monje birmano
    o la misantropía celeste de Michelangeli
    Yo también mirándome, vivo desde milenios
    y vengo recto de la alta cultura de los sumerios,
    del arte cuneiforme del escriba
    y duermo siempre dentro de un saco
    porque no quiero perder el contacto con la Tierra
    El valle entre los rios de Mesopotamia
    que vió en sus orillas a Isaac de Ninive
    Qué cosa quedará de mi, del tránsito terrenal,
    de todas las impresiones que tengo en esta vida

    PD: Si con 34 no dejas de pensar en la muerte, vengo del futuro para decirte que pasados los 40 la cosa va a más :P

  2. Es bueno acercarse a eso.
    Es bueno ser consciente del tiempo.
    Y de lo obsurdo de la palabra “eterno”,
    y del poder de la palabra “ahora”.

    A mí descubrir la muerte me ayudó a ser más feliz.
    A amar mucho, a relativizar, a tener más ganas,
    a controlar los apegos, a ser fuerte y suave a la vez,
    a revalorizar todo lo que aprendí de la gente que se fue,
    a agradecerles que parte de lo que soy se lo debo a ellos.

    Te dejo la frase de una amigo, lo resume todo.
    “Y entonces dejó de quererla como se quieren
    las cosas que duran siempre,
    para quererla como las cosas que duran un instante.”

    Y ese amor del que habla es aplicable a todo.
    Porque al final nos pasamos la vida queriendo.
    Y, aún así, queremos menos de lo que deberíamos.

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