Apart

Hoy toca episodio de “Mis memorias”, libro que tenéis que imaginar conmigo en la portada sujetándome  el mentón con el puño. Adoro esa pose en los libros, incluso he llegado a fantasear con abrir un Tumblr dedicado a semejante menester…

Nochevieja de 1992, Las Palmas de Gran Canaria. Un joven Rafaelito de 14 años es invitado por su prima de semejante edad a una fiesta de fin de año en casa de unos amigos. Yo estaba muerto de ganas de ir a *aquello* especialmente dándose la circunstancia de que apenas dos semanas antes me había dejado mi primera novia. Oh sí, fueron los diez días más bonitos de mi corta vida quitando el hecho de que no me hice una sola paja en lo que duró el enlace porque pensé que me traería mala suerte.

Aquellos días posteriores fueron la apoteosis de la bajona teen y sin duda esa nochevieja serviría para pasar página y hacerme un hombre.
Excitado con los preparativos, le enseñé a mi prima lo que iba a llevar puesto. Escogí cuidadosamente mis mejores galas, la ocasión lo exigía. El acabado final no andaba muy lejos de esto.

El hip hop había entrado en mi vida sin remedio y este era uno de los peajes a pagar. Por algún motivo que nunca supe entender, mi prima no compartió mi entusiasmo con las prendas pero tampoco le di importancia. Qué demonios yo sería el outsider de la fiesta, el tipo malo pero enrollado, el David Silver del lugar. Lo iba a petar. O no.

Aquella noche mi prima y sus amigos salieron sin mi.

Feliz 1993. Tras las campanadas los mayores estaban fumando y hablando a gritos en el salón de mi abuela y yo sólo quería tener un lugar en el que estar solo y no entender nada de lo que estaba pasando en mi vida. Así, acabé en el solitario cuarto de mi tío Oscar, el menor de los diez hermanos que eran en la familia de mi padre. Esa habitación tenía una cama, un equipo de música Pioneer y cientos de vinilos. Había de cualquier estilo imaginable y él lo sabía todo de todos… era una enciclopedia. En el montón frontal, el de aquellos que escuchaba con más frecuencia, había un disco de un grupo que tenía ganas de conocer.

Supongo que lo que descubre un chiquillo con Alex Ubago a mi me tocó encontrarlo en The Cure: canciones compuestas para llegar a las almas torturadas. Aquella noche revolqué mis miserias durante horas en ese disco y cuando salí de ahí empecé a intuir que estaba entrando en una fase muy confusa de mi vida.

Supongo que por cosas como esta es por las que Wish es mi disco favorito y Open mi canción definitiva. Simplemente llegó el día que tocaba.

Estos pensamientos llegan mientras recuerdo la voz profunda de mi tío Oscar hablándome al día siguiente de The Cure y de doce mil grupos de pop británico. Después me hablaba de sitios de Madrid a los que le gustaría ir, salas de conciertos, exposiciones, museos… hablaba de ellos con la melancolía de alguien que sueña con una realidad lejana, con una vida que no es la suya. Yo le escuchaba y pensaba que era una pena que él no pudiera tener a mano todos esos sitios que con esa edad me importaban tan poco.

Oscar cada vez se fue encerrando más en su mundo, en sus pastillas, en todo que parece real y no lo es. Y el martes todo acabó. Le encontraron muerto en su casa, frente al televisor. Se acabó todo eso que no se merecía pero le tocó vivir.

Este cúmulo de recuerdos desparramados son los que de repente llegaron a mi tras oír la noticia. Me gustaría saber ordenar todo esto de una forma más lógica pero no me veo capaz. Mucho me temo que estoy de nuevo en una etapa muy confusa de mi vida.

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Un pensamiento en “Apart

  1. Estos días se me han venido recuerdos de Oscar que habían desaparecido de mi mente y su voz está grabada a fuego en mi cabeza. Sus conversaciones acerca de teorías de lingüística cuando le hablaba de mi carrera hacían que me preguntase como podía existir un contraste tan grande dentro de la propia cabeza.

    Como toda la familia Gil, una persona buena y generosa, en su boca siempre estaba “tengo esto que te puede interesar…”. Ya en cada uno quedan sus recuerdos,en mi caso a pesar de la distancia, son más de los que podía imaginar.

    Con todo esto, bajo a la tierra y me doy cuenta de que no somos eternos.

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