La vida oculta de las palabras

Hace un par de años fui a un congreso sobre social media y marketing para ver qué podía aprender sobre todo aquello y la verdad es que fue más interesante de lo que esperaba. Una de las charlas que más gustó sobre reputación online donde se habló de la búsqueda por encontrar la manera de automatizar la clasificación de lo que se decía de una marca en redes de manera que cada comentario pudiera categorizarse como bueno, malo o neutro. Y resultaba muy difícil, entre otras cosas por algo muy tonto: ¿cómo distingue una máquina la ironía? Imaginad un tweet que dice “Me encanta la web de la Renfe, es muy rápida y eficaz. Lo mejor es que en el tiempo de sacar un billete me ha dado a aprender solfeo y alemán.” Cualquier máquina reconocería en este mensaje un usuario satisfecho, un ser humano sin embargo debería poder distinguir que la intención es justo la contraria.

Hoy en Twitter he sufrido en mis propias carnes un linchamiento (leve, tampoco creáis) de gente que me acusaba de machista por una foto que subí con un chiste acerca de la nueva campaña de televisión de una cerveza y que fue interpretada de una forma que jamás se me hubiera pasado por la cabeza ni en cien años. Cuando he intentado hablar con la gente que me señalaba la reacción ha sido dialogante y positiva, pero ver a algunos escribiendo a la marca o al twitter de la policía pidiendo que hicieran ALGO no deja de resultar <toma eufemismo>un poco incómodo.</por decir algo>

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5 de febrero de 2011, escribo sobre lo que pasó con Nacho Vigalondo. Lo mío a su lado no es comparable pero el caso me llegó tanto que me expuse emocionalmente más de lo que me suele gustar.

Otro miedo que me resulta recurrente: la pérdida absoluta del sentido de mis palabras. Que la gente que me lea no sea capaz de ver el alma que hay detrás de una frase. Me siento condenado a la eterna malinterpretación. Yo esa guerra ya la he perdido y soy consciente cada vez que pongo un smiley de más, un signo de admiración extra o cualquier elemento que ayude a la comprensión del contexto no verbal de mis frases. Lo sé y me siento idiota pero soy consciente de que me compensa esa estupidez frente a la tranquilidad de tener un mayor control sobre la interpretación del mensaje.

Puedo decir con alegría que me siento mucho más relajado con todo esto. Me importa menos que lo que diga se puede malinterpretar porque merezco que, aunque no se me conozca, se me escuche desde la presunción de inocencia. Desde el contexto. Pensando que las palabras y las imágenes son el pellejo de los significados y que aunque estos quizás sean complicados de entender para una máquina, no deberían serlo para personas.

Ayer lunes no fue así.
Hoy martes cumplo 35 así que felicitadme coño, que me hace ilusión.

tinafey

Escuchando: [Ainara LeGardon – We Once Wished]

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2 pensamientos en “La vida oculta de las palabras

  1. ¡Felicidades! Que cumple 35 y es el dorsal de Durant que, según tengo entendido, es el que triunfa entre las juventudes.

    Por cierto, felicitar desde wordpress es una jodida seda.

    • Que sea una gozada no quita para que yo sea un miserable que haya tardado siglos en contestar la única felicitación que he recibido en el blog y por tanto LA MAS IMPORTANTE. Gracias caballero, mi abrazo es grande.

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