Viviendo al límite (livin’ on the edge)

El viernes, de todos, es el peor día para salir. Es justo ese en el que se acumula el cansancio de todos los madrugones y posibles excesos extra laborales de la semana. (La expresión after work ha pasado por mi cabeza durante un instante y ahora mi boca sabe a vómito añejo). Si estoy quejándome sonoramente es porque por supuesto ayer salí como un campeón y hoy estoy en casa sufriendo los daños colaterales. O dicho de otro modo, en casa haciendo la nada.

La nada tiene muchos sabores, a veces ordenar la ropa, a veces perder demasiado tiempo leyendo facebooktwitteres, a veces tocando en el piano las cinco canciones de siempre. Estaba yo hace un rato en estas últimas, con las ventanas del salón abiertas. Corría algo de brisa y lo prefería a tener el aire acondicionado, ese aparato de casa con el que podría mantener relaciones sexuales.

Hola mamá.

Al cabo de un rato empezó a llegar un olor raro pero agradable, como de leña chamuscada. Al parecer por la sierra había un incendio así que imaginé que sería eso. Pero se empezó a hacer más intenso. Raro. Me asomo a la ventana, me da por mirar para abajo y veo que la maceta que mi vecino suele utilizar de cenicero se ha convertido en esto.

photo

 

Vaya. Y lo que hay debajo es su aparato de aire acondicionado… Voy a bajar corriendo a decirle a este tío que tiene una anécdota en su ventana. MEEEC. Nada. MEEEEEC. Nada. MEEEEECMEEEEEC. Aquí no hay nadie. Según subo las escaleras de vuelta a casa lo veo claro: lleno de agua el barreño de la colada y lo soluciono a distancia. Y así fue. A cuatro metros del fuego empecé a echar agua rezando porque no hubiera nadie mirando semejante DEMENCIA.

Echo agua. Una parte se apaga. BIEN!!
Otra parte, tierra incandescente, cae al bajo junto a un cacho de plástico. Y aquello comienza a arder con más fuerza. Aún quedaban unas llamas en el cuarto y otras cuantas abajo del todo, justo debajo del aparato de aire acondicionado, de manera que no veo unaputamierda. Ahora tengo dos mini-incendios en lugar de uno. Os he dicho ya que hacía brisa, verdad?

Bajo al primero, a ver si desde ahí me ayudan a solucionarlo. Nadie. En el segundo piso? Nadie. Vuelta a mi piso, esto tengo que hacerlo por mi mismo, soy un puto héroe, AQUÍ EL BOMBERO SOY YO.

kit-SteveKuclo

¿Y qué pasó, Rafa? Queremos saber más!! Empecé a echar agua y se apagaron los dos fuegos.

Qué, decepcionados? Ya me imaginabais bajando por una cuerda con la cara llena de hollín? Tened piedad por Dios, que tengo resaca.

[Escuchando: Bohren & Der Club Of Gore – Nightwolf]

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6 pensamientos en “Viviendo al límite (livin’ on the edge)

  1. Francamente Rafa, me parece super egoísta que no llamaras a los bomberos. Seguramente todas las mujeres del barrio te odien por privarlas de un espectáculo veraniego con mangueras y uniformes.

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