Fácil o imposible de explicar

Esta mañana he ido a desayunar al mismo sitio que ayer y al que también iré mañana. Cuando salía de vuelta a casa me encontré con el whathefuck de la jornada.1794537_10152188173452110_1809323155_nPero vayamos unos minutos antes. En la cafetería, quitando el conductor de Google Maps que llegó al rato, no había nadie, sólo la camarera. Al poco empezó a hablarme y a preguntarme qué coño hacía un tío con acento cursi en aquel rincón de la península. Vale, quizás no con estas palabras. Aunque no me apetecía mucho le seguí la conversación, porsiaca, no en vano ella es la única persona con la que, en caso de que apocalipsis nuclear azotara el planeta y no llegara a Matalascañas, cosa bastante probable, podría repoblar la Tierra. Alrededor de la treintena, no muy alta, tampoco baja. En absoluto gorda, para nada en forma. Ese tipo de mujer que si te acostaras con ella no te sentirías orgulloso pero tampoco culpable.

Empezó a decirme que no era cosa del frío: allí nunca había clientes. Si un fin de semana se presentaba animado podíanl legar a asomar 10 personas en una noche. Detrás de ella un cartel asomaba con el precio de las copas, 2×5€. Cuanto alcohol desperdiciado… “Aquí lo importante es tener la cabeza ocupada. Si no, te vuelves loca porque nunca pasa nada, esto es así siempre. O haces algo o esto te come.” Es fácil imaginar a alguien metiendo escopeta de caza en la boca después de decir estas palabras, pero a ella se la veía resignada. Igual que ayer, después bajé a la playa y había dos pescadores con una caña, como a unos cincuenta metros el uno del otro. Miraban el mar. Sólo eso. Llego a casa y gracias al 3G intermitente de la zona veo mensajes y llamadas pendientes; se dividen en dos, los que envidian mi exilio y los que se preocupan por si estoy bien. Con “estoy bien” no me refiero a si me ha estallado la bombona de butano (en ese frente sólo está mi madre), sino si me encuentro animado. O quizás es que estoy triste. Deprimido. Bajoner.

Ni de coña. Estoy en la putagloria. Pero no digo en plan “qué a gusto estoy con mis pensamientos, escribiendo poesías sobre las gaviotas y pintando arlequines tristes”. No. Esto se parece a un crucero en el que tengo todo el tiempo del mundo y en el que no sé ni qué día es. Sí, se puede estar solo y estar contento!my-song-is-on

Todo esto me llevó a acordarme de ese post que tengo pendiente desde hace meses sobre un asunto que me ha ayudado mucho a entenderme en los últimos meses: la introversión.

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