Copenhague

Esta es la tercera vez que intento escribir este post, lo bueno es que al fin sé por qué.

La semana pasada, de martes a sábado, estuve en Copenhague. Vacaciones que no tuve en Semana Santa que se convirtieron en un puente de mayo XL y que me dieron la oportunidad de viajar a un precio razonable. Llevaba tiempo queriendo ir a ver a Gus con lo cual parecía el momento perfecto ahora que las temperaturas por allí se movían dentro de lo humano. No lo pensé mucho, lo hice. Fui sin perspectivas, sin expectativas, sin planes y sin saber nada de la ciudad excepto:
1. La bebida es cara.
2. La sirenita no vale un duro.
3. Las señoritas locales están sobrenaturalmente buenas.

Y allí me planté. Llegué al aeropuerto, seguí las indicaciones del mail del Gus casi a la perfección y cogí un tren destino exactamente a la dirección contraria a la que debía. “Now you’re in Sweden.” me dijo un tipo en el tren cuando le pregunté con cara descompuesta por mi destino. Perfecto, ya he visto dos países al precio de uno. Un rato después, afortunadamente el desvío en tiempo no es tan dramático como suena, sí conseguí llegar a la Copenhaguen Central Station. Y a partir de aquí es cuando llegaba mi bloqueo a la hora de escribir porque por una parte me apetece contarlo todo al milímetro, como si quisiera hacer una foto de lo que sentí en los barrios, parques, cafeterías, restaurantes y bares de la ciudad. Y por otra, no escribía porque no había entendido nada. Llevo una semana intentando buscar el concepto de la ciudad. Que sí, en serio, que yo sentía que detrás de todo aquello hay una coherencia interna que se me escapaba, pero al fin tengo una teoría. O al menos algo sobre lo que escribir ordenadamente.

La parte documental es fácil de solucionar, tan sólo hay que leerse los posts que Gus recoge en su blog con magistral soltura (en inglés además, el puto venezolano, mejicano o de donde coño sea) y después ver las fotos que hice allí, unas cuantas. Me inicié en el mundo de la foto panorámica y me parece todo un descubrimiento. Dicho esto, los posts:
> 30 de abril
> 1 de mayo
> 2 de mayo
> 3 de mayo

Las fotos.

IMG_2385-w2500-h600 Por algún motivo no puedo incrustar el álbum de Flickr así que nada, marchando por aquí!

Y ahora, lo otro.

Lo típico, vuelves de viaje y todo el mundo te pregunta que qué tal. Pensamiento, “increíble, brutal”. Motivo, “no tengo ni idea”. Es cierto que necesitaba las vacaciones, que Gus me dejó una bici con la que conocí la ciudad por mi cuenta mientras él trabajaba, que hizo buen tiempo y que en general yo estaba FELIZ. Pero eso no habla de la ciudad, sino de cómo la conocí.

Entender Copenhague es complicado. Impacta de primeras que todo es bonito y está perfectamente cuidado, pero nada es especialmente majestuoso; es una suerte de Viena sin pretensiones. Enseguida te das cuenta de que el paisaje callejero es característico: bicicletas como en ningún otro lugar del mundo, gente que sonríe y que cumple las normas con pulcritud y, por encima de temas de belleza local que no voy a comentar aquí para no hacer el spoiler, pasado un rato te preguntas: “y esta gente por qué viste tan bien?” Todos en colores lisos, casi siempre oscuros, complementos discretos y zapatillas maravillosamente elegidas. No es que me haya vuelto bloggera de moda, es que esa elegancia sin estridencias forma parte importante de la ciudad, sobre todo cuando reparas en algo: es muy difícil ver que alguien salga de esos parámetros. Y hablo incluso de adolescentes, niños y gente mayor.

La gente habla bajo en restaurantes y bares. En el tren incluso casi diría que respira bajo. Las bicicletas son casi todas de paseo con aire vintage, de color oscuro. Los barrios no son muy diferentes entre sí, no hay iconos más allá de la sirenita y a estas alturas pensaréis que si me he vuelto loco con este remix absurdo de ideas. Pero no, analizando a la vez la ciudad y la gente que habita en ella, se llega a una palabra que lo engloba todo: homogeneidad.

Tiene sentido. En Copenhague, y aquí va mi percepción final, la felicidad colectiva se impone a la individual. Es como si no quisieran destacar para no romper esa armonía grupal que tanto bien les hace y claro, eso para un tío que lleva una vida viviendo en Madrid, es una locura inexplicable. Tanto que he necesitado una semana para encontrarle la lógica.

No sé qué sentido tiene nada de esto que he escrito para alguien que no haya ido, pero mi intención no era otra que hacer un backup mental de todo lo que sentí en mitad de aquella cultura/civilización casi futurista. Y si alguien ha acabado aquí esperando leer una opinión sobre si visitar la ciudad o no, tan sólo diré esto: si se esquiva el frío, no se me ocurre ningún motivo para no hacerlo. Yo volveré…

 

…siempre y cuando Gus ande por ahí. Amigo, no tengo blog suficiente para darte las gracias.

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Escuchando [Tenor Saw – Ring The Alarm]

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6 pensamientos en “Copenhague

  1. Pingback: May 19 | Failure is Fuel

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