Agua

Tengo una piscina debajo de casa. Al contrario de lo que imaginaba cuando entré al piso, no maldigo miputasuerte cada día de verano cuando llego a casa y veo a tres o cuatro personas haciendo nada tiradas en el césped, supongo que el aire acondicionado mantiene mis mínimos de aburguesamiento en niveles tolerables y hago la vista gorda. Menos esta noche. Eran casi las once y media cuando oigo que alguien se tira al agua. Miro y entre la oscuridad hay una pareja en calma, nadando, riéndose a sabiendas de que probablemente las normas de la comunidad no permitan que estén ahí a esas horas. Nunca he tenido más ganas de estar en esa piscina.

Que el agua refresque siempre me ha parecido un beneficio secundario, donde creo que no tiene rival es como relajante. En la playa, en la piscina, en la ducha. Estar en el agua. Debajo. No oír nada durante el tiempo que los pulmones quieran. Mejor cuanta más agua, mejor cuanto más profundo, mejor cuanto más tiempo porque cuando estás ahí, todo para.

Ahora me gustaría pararlo todo porque no llego a nada.

La racha interminable de todo de la que hablaba en el anterior post acababa hoy, y me temo que el cansancio está mareando mi ánimo como de costumbre. Tampoco es dramático, es mi forma de canalizar la presión del mismo modo que en otra gente es pegar tres gritos. Lo que sí me descolocan son algunos daños colaterales de todo esto. Tener bajar a H&M a comprar calzoncillos (qué palabra más absurda de escribir) porque no ha habido tiempo de poner la lavadora y aprovechar el viaje para comprar yoquésé para cenar ya que tampoco ha habido oportunidad de llenar la nevera, son conflictos derivados con la falta de tiempo que, con bastante indulgencia, manejo conmigo mismo.

Otros problemas relacionados con este momento de mi vida, se me escapan.

Gente enfadada. Amigos enfadados. Casi desconocidos enfadados. Reproches por mi falta de memoria. Por mi falta de atención. De detalles. ¿Dónde te metes? ¡Ya no vienes! Constantemente. Hace un tiempo escribí por aquí que para vivir bien, hay que aprender a quedar mal y efectivamente así estoy: aprendiendo. Y por lo que parece, últimamente no estoy sacando muy buenas notas. No sé cómo acaba todo esto, no sé si es un cóctel perfecto que termina en la soledad más absoluta o si dependo de que me soporte sólo una súper raza de pacientes que saben que me acuerdo de ellos constantemente por más que no hayan tenido noticias mías en meses.

Últimamente no puedo evitar que lo urgente se imponga a lo importante, para empezar porque ya no sé distinguir entre una cosa y otra. Parezco uno de mis clientes en la agencia. Al poco tiempo de trabajar en publicidad y viendo a la velocidad que iba todo, bromeaba con que la palabra urgente venía por defecto en los emails, como si fuera parte de la firma.

Con todo, hay una cosa que sé que estoy haciendo bien y es algo como que, en un viernes noche como hoy, haya decidido que mi único plan consista en sentarme frente a la ventana y oír cómo una pareja descansa en el agua, a oscuras. Y de algún modo, yo con ellos.

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6 pensamientos en “Agua

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