Mallorca, otra vez

No sé si me apetece escribir, dormir o ver la tele. He vuelto a Madrid y el aire acondicionado no funciona; este aparato del mal es la única condición que le pongo a la ciudad en verano para llevarnos bien, con lo cual ahora mismo sólo siento odio y ganas de matar, pero como tengo la tensión por los suelos ni siquiera mi ataque de fuera va a ser muy peligroso. Para sobrellevar esta guerra lo mejor sería tener a mi lado una botella de agua fría pero VAYA

la nevera tampoco funciona. 

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No tengo comida siniorasinior y lo único que ha quedado con vida son el Burn y las cervezas. DIETA MEDITERRANEA.

De algún modo aún mantengo un punto de serenidad y el bajón de volver de Mallorca no me ha ganado, aún me queda saldo de felicidad acumulada.

Como me quedé dormido, entre el párrafo anterior y este hay unos días de diferencia. Lo único que ha cambiado es que desde hace un par de horas mi nevera está arreglada y que me han dejado un ventilador. Hurra. Poco más puedo contar de aquí, agosto en Madrid es un canto a la nada. Ahora que lo pienso, hace once años empecé a escribir este blog intentando escapar de la desidia de una tarde de verano como esta.

Visto lo visto, pasemos a Mallorca. Después de 9 o 10 años de estar veraneando ahí, lo lógico sería notar que la fórmula se acaba, que la cabeza se me fuera a otros destinos, nuevos planes… La realidad me dice justo lo contrario y el hecho de volver, en lugar de ser un hastío se vuelve un triunfo. No sé muy bien cómo lo hemos hecho, pero hemos ido a todas las calas posibles, hemos salido más de lo que podíamos imaginar y raro es el día que he dormido menos de diez horas. Supongo que debe ser algún tipo de superpoder que da la tranquilidad.

“Yo no voy a la playa porque me aburre” he oído muchas veces. Si hay algo por lo que me gusta la playa es porque me aburre. Es un lugar prácticamente sin opciones: puedes tomar el sol, bañarte, jugar a las palas. Leer es posible pero incómodo y mirar el móvil sin llenarlo de arena es una tarea que sólo podría llevar a cabo dignamente un relojero. ¿Qué queda entonces? La tranquilidad que da la nada. Entonces, si nada es también lo que tengo ahora ¿dónde está el problema?

No lo sé. MATICES.

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Juan&Rafa_GOPR4291-h600Se lo decía a estos: “Me siento Flavio Briatore.” Se reían sabiendo la verdad que que escondía esa frase: no había ningún otro sitio del mundo en el que prefiriésemos estar. Puestos a pedir algo, que el DeLorean, como llamábamos al Volkswagen de los 80 con el que nos movíamos por la isla, tuviera aire acondicionado y dirección asistida, no hubiera venido del todo mal. Eso sí, en las fotos quedaba bastante aparente.

CREW-LowRes_2372-h600No querer otro sitio ni contemplar la idea de cambiar. Ah, Mallorca… tengo un vago recuerdo, pero el amor se parecía mucho a esto, no? 

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Enamorarse de lugares, me gusta. Voy a ver si consigo retomar lo mío con Madrid, que ha vuelto algo deteriorado. De momento me bajo a hacer la compra, que ahora que ya que tengo nevera tendré que llenarla con algo.

Escuchando: [Augustus Pablo – Stop Them Jah]

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2 pensamientos en “Mallorca, otra vez

  1. A mi me pasa lo mismo pero con Menorca. Eso sí, mis amigos y las “fifis” que pueden aparecer en nuestras fotos están muy lejos del glamour. Y yo mismo ni q decir, of course…
    Unas vacatas un poco Estrella Damm, o qué? Jjjj…

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