Chandalcore

Abro el editor y me dispongo a escribir sobre algo, no sé el qué. Me apetece improvisar. Del mismo modo que Ray, el personaje de Dan Aykroyd en Cazafantasmas, se le viene a la cabeza sin motivo alguno el muñeco de los Marshmallows cuando tiene que dejar la mente en blanco, yo me encuentro con que lo único que para mí tiene razón de ser según escribo estas líneas es la palabra CHANDAL.

Eso es.

Pasa siempre, cada vez que recuerdo algo que oí en la universidad siento una mezcla de satisfacción y alivio bastante absurda; es como si me dijera a mi mismo “lo ves? sirvió para algo!!”. Que el dato después resulte ser irrelevante, es lo de menos. Estando en segundo, durante una clase sobre tecnologías audiovisuales, el profesor (un verdadero cretino, aunque esto ahora no venga al caso) nos hizo saber que al parecer de nuestros cinco sentidos, el que más usamos es el tacto. Después de la sorpresa inicial te das cuanta aquello tenía su lógica y hoy, tirado en el sofá con mi chándal de algodón comprado probablemente en El Corte Inglés, ese hallazgo parece una bendición: cada uno de los poros de mi piel que están en contacto con esta suerte de prendahomenaje al abandono personal, me recuerdan en todo momento que no tengo que ir a ningún sitio, que no hay planes. Que hay cosas por hacer, pero no son urgentes. Que hasta tengo tiempo para escribir, para volver a ver Seven o para ponerme un documental de Fugazi en cuanto pulse el botón de publicar. ¿Y si pudieras hacer cualquier cosa y decidieras no hacer nada? Hoy para mí, es ese día.

Atrás quedó la sesión de ayer del Creisi en la sala Charada.

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Atrás quedó la charla del Club de Creativos.

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Atrás quedó el Publicitarios Por Kilimanjaro.

Atrás quedó la charla en el Madrid Fashion Film Festival.

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Atrás quedaron todas esas cosas que me surgen, me encantan y me hacen feliz a costa de horas de tranquilidad, de sueño y de hacerme caso. Es com lo que decía aquel anuncio del Atlético de Madrid: me mata, me da la vida.

Y como siempre pasa, que cada vez que escribo algo sobre mis agobios y faltas de tiempo, alguien se preocupará y me preguntará si estoy bien; cómo no voy a estarlo, si es domingo, y estoy tirado en el sofá. Escribiendo. En chándal.

Escuchando: [Nils Frahm – Says]

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