New York sketches

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La primera vez que vine a Nueva York fue en el 2003. Solo. No fui capaz ni de ponerme las gafas de sol ni, lo que es más extraño aún, de encender el MP3 durante toda la semana, a excepción de Rhapsody in Blue en Central Park y Five Blocks to the Subway de Biohazard yendo en metro a Brooklyn.

Mis cosas.

La realidad es que no quería que nada distrajera mi atención ni un milímetro de todo lo que me rodeaba (y superaba). El resto de viajes siempre he venido acompañado y lo de escuchar música no es frecuente, pero tanto en el anterior con Juan como en este con Silvia, he tenido unos cuantos ratos de ir por mi cuenta y he descubierto alguna cosa curiosa. Lo primero, aquí leo bastante bien en el metro. Que las interrupciones del altavoz sean más breves, ayudan, porque no es lo mismo “Stand clear of the closing doors, please.” que “Atención: estación en curva. Al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre coche (pausa dramática) y andén.” En el tiempo en el que la tipa dice esa letanía imposible sólo tengo ganas de rociarme gasolina y prenderme fuego hasta consumirme, cosa que sin duda daría tiempo a que ocurriera antes de que la puta locución terminara.

Otra de los descubrimientos imprevistos ha sido darme cuenta de cuál es la música natural de la ciudad. A primera vista tendría lógica pensar en rap; actitud, orgullo, un poco de chulería… Podría ser, pero no. Esta ciudad está diseñada para el jazz. No importa si es por la calle, en un Uber, de día o de noche, jugando al billar o saliendo a correr: funciona. Pongamos que estamos escuchando algo de Miles Davis antes de que se volviera tarumba: el caos del bajo y la batería se juntan con los acordes extraños del piano y con la melodía tranquila de una trompeta. Es justo lo que pasa delante de tus ojos. Gente, grandeza, suciedad, belleza. Está todo ahí. Si es un tema rápido notas la ansiedad de la gente que no llega, si es una balada la vida se mueve a 120 fotogramas por segundo y sientes que la cámara lenta te permite detener en cada persona que tienes delante. Su cara, su gesto. Puedes imaginar su vida en un segundo muy largo y así, poco a poco, creerte que cada vez entiendes un poco más una ciudad más hecha de gente que de edificios.

Hablando de música, mañana por la mañana subiremos a Harlem a una misa góspel. Siete veces aquí y nunca he ido a ninguna… lo peor es que si algo no me extraña aquí, es que quede algo que hacer por primera vez.

[Escuchando: Alicia Coltrane – Turiya & Ramakrishna]

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Un pensamiento en “New York sketches

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